Sin noticias de Gurb

diciembre 8, 2008

Acabo de leer éste libro del escritor catalán Eduardo Mendoza. Resulta que fue escrito para ser publicado en diferentes entregas del periódico El País y su autor, que no estaba acostumbrado a estos métodos, no esperaba que fuese tan éxitoso como ha sido.

Sin noticias de Gurb cuenta la historia de dos extraterrestres que en misión especial vienen a la Tierra y acaban en Barcelona. En cuanto llegan, Gurb adopta la fisionomía de Marta Sánchez y desaparece, de modo que el esqueleto de la narración es el diario de su compañero de viaje buscando a su amigo.

Es una obra sátira y muy fresca que da una visión desenfadada de la Barcelona del momento y sus costumbres, con la ingenuidad de un extraterrestre que no conoce nada y hace una amable comprensión de cuanto lo rodea. Y de la recopilación de Mendoza extraigo:

01:30 Me despierta un ruido tremebundo. Hace millones de años (o más) la Tierra se formó a base de horrorosos cataclismos: los océanos embravecidos arrasaban las cosas, sepultaban islas mientras cordilleras gigantescas se venían abajo y volcanes en erupción engendraban nuevas montañas: seismos desplazaban continentes. Para recordar ese fenómeno, el Ayuntamiento envía todas las noches unos aparatos denominados camiones de recogida de basuras, que reproducen bajo las ventanas de los ciudadanos aquel fragor telúrico. Me levanto, hago pis, bebo un vasito de agua y me vuelvo a dormir.

Y ante esta apreciación del extraterrestre no puedo más que afirmar su teoría… en Barcelona, sobre las 2-3 de la mañana pasan los camiones de basura por mi casa (y por la de los demás, claro) y lo que hasta ahora era un ruido muy molesto ahora es para mí, gracias a Gurb, una recreación… que ojalá fuese silenciosa, sí! jaja

Ana : )

Estoy leyendo este libro de Fréderic Beigbeder, seguramente uno de los libros de descripción de la industria publicitaría más cruel contra la manipulación consumista. Ha conseguido ser uno de los libros más aclamados en Francia y, en realidad, historia no le falta… ya que el autor lo escribió contando su vida/experiencias para conseguir que lo echaran del trabajo y , finalmente, lo consiguió.

Pero esta entrada no pretende ser un análisis del libro, ni siquiera una crítica, aunque sí animo a leerlo! Lo que me mueve es que, como en muchos libros, hay partes e incluso páginas enteras con ideas que te cautivan, expresiones que te gustaría recordar por mucho más tiempo del que lo harás,… y esta vez, para evitar que caigan en el olvido repentinamente he ido marcando las esquinas del ejemplar para, al menos, encontrarlas fácilmente cuando me decida. Elijo estas dos:



“Un redactor publicitario es autor de aforismos que se venden. Por más que aborrezca aquello en lo que me he convertido, tengo que admitir que no existe ninguna otra profesión en la que uno pueda discutir tres semanas a propósito de un adverbio. Cuando Cioran escribió «Sueño con un mundo en el que uno moriría por una coma», ¿acaso sospechaba que estaba hablando del mundo de los redactores-creativos?”


“El problema del hombre moderno no radica en su maldad. Al contrario, en general, y por razones prácticas, prefiere ser bueno. Simplemente odia aburrirse. El aburrimiento le horroriza, cuando en realidad no existe nada más constructivo y saludable que una buena dosis cotidiana de tiempo muerto, de instantes mortalmente aburridos, de muermo intenso, solo o en compañía. Octave lo ha comprendido: el auténtico hedonismo es el aburrimiento. Sólo el aburrimiento permite disfrutar del presente, pero todo el mundo parece apuntar en la dirección contraria: para no aburrirse, los occidentales huyen por mediación de la tele, del cine, de Internet, del teléfono, de los videojuegos o de una simple revista. Nunca están en lo que hacen, sólo viven por poderes, como si limitarse a respirar aquí y ahora fuera algo deshonroso. Cuando estamos delante del televisor, o de un portal interactivo, o llamando al teléfono móvil, o jugando con nuestra Playstation, no vivimos. Estamos en un lugar distinto del sitio en el que realmente nos encontramos. Quizás no estemos muertos, pero tampoco puede decirse que estemos vivos.”